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La singularidad de Auschwitz - Hipótesis, problemas y derivaciones de la investigación histórica
Fragmentos del Libro AA.VV.: Pour une critique de la barbarie moderne. Ecrits sur l’historie des Juifs et de l’antisémitisme, Éditions Page deux, París, 1997
LA ERA DE LA BARBARIE
En su balance del finalizado “corto siglo XX”, Eric J. Hobsbawm cita un dato estadístico suficientemente elocuente para definir esta época -que denomina “Era de Extremos”- dentro de un horizonte de barbarie: entre la Primera Guerra Mundial y finales de los años ’80, las víctimas de guerras, genocidios y violencias políticas de diferente naturaleza han sido cerca de 187 millones. Esto corresponde a alrededor del 9% de la población mundial a comienzos de la Gran Guerra1. Este recuento llega sólo hasta 1990 y no incluye las muertes de las guerras del Golfo y Yugoslavia, ni tampoco las del genocidio de Ruanda. Para hacerse una idea menos abstracta del significado de tal cifra podemos imaginar un mapa de Europa sobre el cual se ha eliminado a Francia, Italia y Alemania. Imaginemos reemplazarlos por un enorme vacío, por un desierto o -más bien- por un inmenso cementerio; entonces nos haremos una exacta idea del significado de la violencia del mundo moderno. Hobsbawm señala -en efecto- a la barbarie como una de las principales características del “corto” siglo XX. Él remarca la regresión social indiscutible representada por nuestra época respecto de los niveles de “civilidad” alcanzados después de la Revolución Francesa, añadiendo que si la Humanidad no se ha hundido todavía -de manera definitiva e irreversible- en un abismo de barbarie se debe –esencialmente- a la persistencia de los valores heredados del Iluminismo2.
Citando a Von Clausewitz, quien luego de la caída de Napoleón enuncia el principio según el cual los ganadores no tienen derecho de matar a prisioneros de guerra ni de transformar a las poblaciones civiles en blanco de la soldadesca, este principio parecía ser definitivamente incorporado por las naciones europeas. Para tener conocimiento de la mutación que -un siglo y medio más tardesufrieron esas ideas es suficiente con señalar que las víctimas civiles de la Segunda Guerra Mundial -y no el número global de muertes, que se aproxima a 55 millones- superan los 20 millones3. Ante el ideal caballeroso -y a uno casi le gustaría decir “humanista”- de Von Clausewitz, el proyecto de la bomba de neutrones -un arma capaz de eliminar vidas humanas sin dañar las posesiones materiales- aparece como la señal de un trastrocamiento de los valores en otros completamente opuestos. Recordar el número global de víctimas es importante porque las violencias y los genocidios de nuestro tiempo deben mantenerse en la memoria y no deben justificarse por el contexto de un siglo de barbarie. Pero el historiador no puede marcar este hecho en perspectiva. Su tarea consiste en reconstruir -incluso fácticamente, positivamente- el wie eigentlich gewesen, los eventos para intentar interpretarlos. A veces no puede evitar distinguir, comparar, ordenar, clasificar, a riesgo de convertirse en un frío y aparentemente imperturbable clasificador ante los horrendos crímenes. (...)
Ver el texto completo en:
http://fec3.blogspot.com/2008/05/la-singularidad-de-auschwitz-enzo.html

Pocas cosas son tan complejas en el ser humano como su relación con la memoria, a nivel individual y social, ya que tanto individuos como sociedades son más que proclives a los olvidos. Olvidando que en realidad muchos olvidos son imposibles y los intentos en tal sentido son más bien patológicos. La memoria se debate a lo largo de la vida de cada cual entre dos coordenadas tan especiales como decisivas: tiempo y espacio. En este debate se juega buena parte de nuestra existencia, ya que es mucho el peso que ejercen sobre la memoria tanto el tiempo como el espacio.
Pero también la inversa es cierta, ya que no es menor la determinación que ejerce la memoria sobre las coordenadas del tiempo y el espacio. Sobre todo si se está atento a que en una proporción bastante alta el humano vive de memoria. Casi todo el año y casi todos los años se levanta aproximadamente a la misma hora, desayuna lo mismo todos los días y repite con bastante precisión almuerzos y cenas, livianas o "grosas". El vivir de memoria también se puede ver en el amor con ciertos movimientos y rituales que muchas veces se repiten tanto en la fidelidad como en la infidelidad.
También es cierto que los humanos hacen galas de una formidable capacidad para el olvido como lo revela la sabiduría popular con una de las sentencias más pronunciadas y desoídas: "El hombre es el único animal que tropieza dos veces (o más) con la misma piedra ". Con lo que tropezar con la misma piedra, es decir cometer siempre los mismos errores, es uno de los rasgos que nos hace humanos a diferencia de los animales que vendrían a ser más memoriosos al respecto. A la sentencia anterior le sale al cruce otra que proclama lo contrario, es la que dice que el que se quema con leche cuando ve una vaca llora. Es decir que el recuerdo de la quemadura evita otras posteriores. No es nada extraño, muchos refranes se contraponen entre sí sin poder eliminarse, lo que muestra la cualidad contradictoria de los humanos ya que cada cual es una particular mezcla de olvido y memoria2.
Recuerdos traumáticos
Recientemente se pudo leer y escuchar en los medios que en una investigación en la Universidad de Buenos Aires, UBA, se hacen experimentos en laboratorios (una vez más con ratas) para eliminar los recuerdos traumáticos. Es decir de lograrlo con las ratas se trasladaría el hallazgo a los humanos. Lo que se intenta es limpiar la memoria, sacar todo lo malo y que cada cual circule a partir de ese momento sólo con sus buenos recuerdos. Sin embargo tal ordenamiento de la memoria, y otros del mismo calibre que se podrían intentar, son difíciles y con toda probabilidad imposibles. Y lo son al menos por dos razones de distinto orden pero igualmente importantes tanto en la vida individual como en la vida social: el comportamiento de los humanos y la crónica confusión por una parte de la ciencia entre el cerebro y la psiquis.
Leer artículo completo en: http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2008/05/11/noticia_5160.html
“Me liberé realmente cuando pude contarlo”
Descendiente de los judíos expulsados de España por la Inquisición, David Galante fue a los 18 años uno de los 1.800 judíos de la isla de Rodas (Grecia) que en 1943 fueron deportados al más feroz de los campos de concentración que montó el régimen nazi: Auschwitz. Y también uno de los 120 que sobrevivieron.
Después resistió el viaje de polizón a la Argentina y los 15 días de prisión en Devoto a los que lo condenó un juez por entrar ilegalmente. Tardó más de 50 años en contar lo que pasó. Se guardó esas historias y se "refugió en el olvido". Años después logró ponerle palabras a la vida en el campo de concentración, los trabajos forzados, la pérdida de sus padres y tres hermanas y la desolación de la posguerra. Así nació "Un día más de vida", el libro sobre su historia que escribió Martín Hazan.
"Los rusos me liberaron físicamente, pero contar lo que pasó fue mi liberación personal, fue como expulsar el infierno", reconoce Galante que hoy, a los 81 años, hace de su testimonio una verdadera militancia a la que dedica casi todos los días de su vida brindando el relato a quienes visitan el Museo del Holocausto, en Capital Federal.
Ese mismo testimonio fue el que ofreció a los adolescentes rosarinos en su paso por la ciudad, donde estuvo esta semana invitado por la Daia Rosario para participar de diversos actos programados por el Día del Holocausto.
—¿Por qué tantos años de silencio?
—Cuando llegamos a Argentina quisimos contar, pero no nos creían. Decían que veníamos locos de la guerra, no podían creer ni imaginar las cosas que decíamos. No teníamos quién nos escuchara, entonces me encerré, empecé a trabajar en una fábrica de bicicletas y me metí para adentro. Estuve así durante 50 años, hasta que otros empezaron a hablar, hicieron películas y la gente empezó a preguntar. Mi familia sabía lo que había pasado, pero trataban de no hablar. Sólo de vez en cuando aparecía alguna pregunta de mis hijos. Pero no quería dañarlos, pensaba que contarles era lastimarlos cuando en realidad era al revés.
—¿Cómo fue la primera vez que pudo relatarlo?
—Muy dura. Pero ahora me siento cada vez mas aliviado cuando cuento la historia. Al hacer el libro expulsé todo el infierno que tenía adentro. Fue la liberación real, porque los rusos me liberaron físicamente, pero esta fue mi liberación personal. Dicen que todo el que estuvo en Auschwitz nunca podrá salir, y el que no estuvo nunca podrá entrar. Uno sigue viviendo siempre con esa mochila.
—¿Cómo era la vida en la isla antes de la deportación?
—Estábamos tranquilos. Si bien las islas estaban bajo dominio italiano y existían las leyes raciales, en general no teníamos problemas. Eso fue hasta 1943, cuando las ocuparon los alemanes y empezaron las discriminaciones y las prohibiciones. Un buen día llegó una comisión de oficiales nazis y dio la orden de que todos los judíos debíamos juntarnos en un edificio con nuestras cosas. Una vez ahí, no salimos más.
Nos sacaron todo y nos embarcaron hasta el puerto de Atenas. Fue un viaje infernal que duró siete días. Fue muy duro y muchos murieron.
—¿De allí los llevaron directamente a Auschwitz?
—Desde Grecia nos dep ortaron a Auschwitz en vagones donde metían a 80 personas. El viaje duró 12 días porque el tren paraba cada tres para que pudiéramos sacar los cadáveres de los que morían y vaciar las cubas con nuestras necesidades. Llegamos y nos separaron a hombres y mujeres en dos filas, y seleccionaron quienes iban a los trabajos y quienes a las cámaras de gas. Mis padres murieron en las cámaras. Mi hermano y yo fuimos a trabajo, al igual que mis tres hermanas. Ninguna sobrevivió.
—¿Cómo fue lo que siguió?
—Sobrevivir cada día, no se podía pensar en nada más. Una mirada podía significar que te pegaran un tiro. Y cuando se liberó el campo me salvé porque estaba en la enfermería.
—¿Cómo fue ese final?
—Un día fui al baño y no podía abrocharme el pantalón porque tenía los dedos congelados. Entonces me arrimé a un fuego que tenían los nazis para calentarse, pero me empujaron y me tiraron a las brasas. Aunque salí enseguida, tenía los pies quemados y como las heridas se infectaron fui a la enfermería, que en realidad era la antesala de la muerte porque nadie salía de allí. Ahí había un médico francés, que también era prisionero. Allí estaba cuando llegó de Berlín la orden de destruir las cámaras y de evacuar el campo porque los rusos estaban cerca. Fui con los prisioneros para empezar a marchar, las llamadas marchas de la muerte, pero el médico me dijo que no podría caminar ni 100 metros. Me convenció y me quedé esperando, y así me salvé. Cuando llegaron los rusos no podían creer lo que veían, se descomponían ante las montañas de muertos. Estuve en el ejército hasta que terminó la guerra. Después supe que mi hermano estaba en Roma y fui en su búsqueda.
—¿Por qué decidieron venir a Argentina?
—Un hermano vivía acá antes de la guerra. Pero no conseguíamos el permiso para entrar, a pesar de que los nazis entraban fácilmente. Vinimos como polizones en un barco, escondidos en un ropero. Trabajamos dos años sin documentos hasta que nos presentamos a regularizar la situación y un juez nos condenó a 15 días en Devoto. Después de todo lo que nos había pasado, esas parecían sólo anécdotas.
Tomado de: http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2008/05/11/noticia_5783.html
Intentar recortar lo específico de Auschwitz no significa aislarlo de aquellas otras formas de la destructividad que han venido asolando la vida humana; se trata, por el contrario, de indagar por su particularidad como un modo de encontrar, si ello es posible, sus correspondencias, sus cruces, lo que a partir del exterminio nazi se vuelve un ejemplo mayúsculo de ciertos proyectos biopolíticos que siguen habitando la escena de nuestra época; pero es también recorrer hacia atrás, hacia el fondo de la cultura occidental, los mecanismos religiosos, metafísicos y políticos que convirtieron al “judío” en el excluido por excelencia, el límite desde el cual se forjaron los derroteros de nuestra civilización hasta alcanzar su cota máxima en los campos de la muerte, verdadera bisagra en nuestra travesía por el tiempo y en nuestra condición humana. En este sentido, resulta iluminante y polémico el análisis que desarrolla Giorgio Agamben alrededor del concepto de Homo sacer y que nos gustaría presentar como un complemento necesario para pensar más profundamente la figura del exterminio.
El presente trabajo comenta el análisis realizado por Giorgio Agamben en sus obras Homo Sacer y Lo que queda de Auschwitz. El pensador italiano ha mostrado como el mismo procedimiento legal usado por los nacionalsocialistas para desposeer a los “judíos” y otras etnias de todos sus derechos está siendo aplicado hoy en día a nivel planetario. El propio principio de ciudadanía crea al no-ciudadano —al excluido— como una figura legal “lógicamente necesaria”. En lo que más directamente nos afecta se trata de la “Ley de extranjería”, que propicia la esclavitud y el trabajo clandestino.
El hallazgo de Agamben es notable ya que a través de esta oscura figura del derecho romano arcaico logra hacer pensable el mecanismo que constituye la figura del poder soberano como fuente de exterminio sin contradecir, y éste es el escándalo que subyace a la política de Occidente, al propio derecho. Agamben ha captado ese momento obturado por el logos en el que el humano es despojado de su humanidad, nulificada su existencia y, por tanto, utilizable y eliminable según las necesidades políticas del soberano (el Estado en el sentido moderno del término). Al introducir el bíos en la Polis, el Estado moderno crea las condiciones, aparentemente contradictorias, tanto para el cuidado de la vida (políticas sanitarias) como para su simple eliminación. En la sociedad contemporánea, a diferencia de la antigua, la cuantificación de la muerte devendrá en su negación, es decir, en su desacralización (incluimos aquí a las diversas muertes violentas —a través de guerras, desplazamientos poblacionales, hambrunas nacidas de políticas encubiertas por parte del poder, exterminios concentracionarios— y también, aunque bajo otro registro ético, las muertes médico-hospitalarias). Presencia masiva, continua, pero invisibilizada, la muerte domina el horizonte de existencia de las sociedades contemporáneas en una medida jamás antes conocida. Su dominio es correlativo a su desimbolización, a su reducción numérica. La estadística ha reemplazado la antigua presencia sagrada de la muerte.
“Cuando sus fronteras se desvanecen y se hacen indeterminadas, la nuda vida que allí habitaba queda liberada en la ciudad y pasa a ser a la vez el sujeto y el objeto del ordenamiento político y de sus conflictos, el lugar único tanto de la organización del poder estatal como de la emancipación de él.” (2) La política no se funda, como lo ha venido sosteniendo Occidente desde sus inicios, en el gesto de la libertad, en el control ejercido sobre el poder despótico y en la emergencia de una palabra pública emananada de los ciudadanos, sino en la presencia-ausencia de la nuda vida en la ciudad; es a partir de ella que se articula el ordenamiento político. La exclusión-inclusiva es la clave que nos permite desarticular la maquinaria del poder soberano, es la llave maestra que abre la puerta del brumoso comienzo en el que se trazaron las líneas de la vida y de la muerte. Pero Agamben es aún más radical en su reflexión: todos los súbditos son potencialmente nuda vida; la amenaza continua del poder soberano, el verdadero secreto de su dominio, es esa potencialidad a través de la cual todo hombre es pasible de ser matado por el Estado (3). “Nuestra política no conoce hoy ningún otro valor (y, en consecuencia, ningún otro disvalor) que la vida, y hasta que las contradicciones que ello implica no se resuelvan, nazismo y fascismo, que habían hecho de la decisión sobre la nuda vida el criterio político supremo, seguirán siendo desgraciadamente actuales.” (4)
Artículo completo en: http://fec3.blogspot.com/2008/05/despus-de-auschwitz-la-persistencia-de.html
Tomado de: http://www.webislam.com/numeros/2001/07_01/Articulos%2007_01/Despu%C3%A9s_%20Auschwitz%02.htm
Número 133 // 2 de agosto de 2001

FOTOGRAFÍA URGENTE
El Centro de Expresiones Contemporáneas invita a participar del IV concurso de fotografías obtenidas con celulares “Fotografía Urgente”.
Para informes e inscripción dirigirse al área de Capacitación de dicha institución, Sargento Cabral y el río, teléfono 4802245, int. 112, de martes a viernes en el horario de 9 a 14hs, o ingresando al sitio www.cecrosario.org.ar.
La temática de esta edición es «Costumbres argentinas» El propósito del concurso es encontrar las imágenes que mejor transmitan la idea de contemporaneidad, originalidad y creatividad, espíritu distintivo del CEC.
Recepción de trabajos: del 15 de mayo al 15 de agosto.
En los próximos días se colgarán las bases.
(Para los que escuché el miércoles con ganas de trabajar: sólo es cuestión de empezar)
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/