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Crónica de elecciones en los confines originarios

Crónica de elecciones en los confines originarios

Vientos de octubre por Mariano Gonzales

El hombre que reposaba en la puerta, nos ordena con los dientes apretados ponernos de pie para ir hacia una de las escuelas. Ahí donde somos pasado. Donde enseñan a los niños cuán salvajes somos y a mirarnos con desprecio o con compasión siempre y cuando permanezcamos en blanco y negro, inmóviles e inofensivos sobre la hoja de papel.

Lentamente nos dirigimos a las urnas. El hombre de bigotes camina delante de nosotros con aires de patrón. Cientos de ojos controlan la escena. Sus miradas son puñales a nuestra identidad, pero ni uno es capaz de posar su mirada en nuestros ojos. Nos miran, pero no nos ven. La policía ha ocultado sus uniformes pero no pueden con sus mañas.

Finalmente salimos de la escuela donde desde de las paredes nos miran los próceres con las manos llenas de sangre hermana. Otra vez nos llevan a la impune sede. Por última vez me asomo por la ventana que ha visto florecer mis arrugas y que he visto oxidarse año tras año.

Salgo del encierro a esa hora en la que un naranja intenso precede a una frágil luna. Me miro los pies cansados y mis manos ya ancianas, fatigadas de tejerme. Mis oídos olvidaron algunas palabras y mis ojos se nublaron un poco.

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