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Un espacio para dialogar con el pasado de una historia aún vigente

Un espacio para dialogar con el pasado de una historia aún vigente

A caballo de una historia vigente que se inició exactamente hace 32 años, el Museo de la Memoria fluye en el tiempo, va y viene en busca de preguntas y respuestas para conectar a los que desaparecieron en el pasado con quienes aparecerán en el futuro. Paciente como la memoria que debe custodiar, el museo ya se prepara para desembarcar —no antes de 2010— en el lugar para el cual fue concebido, la casona de Córdoba y Moreno que desde la frivolidad le opuso una resistencia incapaz de tapar los crímenes planeados entre sus paredes.

Si bien el bar temático Rock    & Feller’s continuará hasta mayo de 2009 alquilando las antiguas instalaciones del Comando del II Cuerpo de Ejército, el Museo de la Memoria tiene avanzado el proyecto para ocupar ese espacio. Un mes atrás se resolvió la historia de idas y vueltas judiciales, y el edificio pertenece a la Municipalidad luego de pagar cerca de 3 millones de pesos por su expropiación.


"Es un edificio simbólicamente muy fuerte, donde se diseñó    un plan de exterminio para seis provincias durante la última dictadura militar", explicó el director del museo desde que éste se institucionalizó en 2003, Rubén Chababo, al adelantar algunos detalles de la futura sede.


 Visita. La planta baja, donde habrá un auditorio, se dedicará a una muestra permanente que "narrará la dictadura" combinando elementos de historia, arte contemporáneo y nuevas tecnologías. "Creemos que el arte es una herramienta que permite abrir canales de reflexión e interpretación sobre la última dictadura", explicó Chababo sobre el camino del museo, que intenta alejarse de las bajadas de línea dogmáticas. Como ejemplo, la muestra "Autores ideológicos" que actualmente se exhibe en la sede provisoria de la entidad, en la Secretaría de Cultura municipal: un viejo Falcon deconstruido y pintado de blanco como símbolo del terror de entonces.


"Se apela al arte para contar desde lo simbólico. En este    sentido, hay una relación entre la ética y la estética que pretendemos cuidar. No queremos caer en golpes bajos a cambio del impacto inmediato", agregó el director, frente al dilema que presenta hoy un público formateado por medios masivos que ponen a la información más cerca de un fast-food que de una instancia reflexiva. "Tratamos de alcanzar un punto de equilibrio en ese aspecto, por eso es fundamental la incorporación de nuevas tecnologías a la exhibición".


En el primer piso habrá espacios para las muestras    temporarias, que serán diseñadas en función de distintos "núcleos significativos", según explicó la coordinadora general del museo, Viviana Nardoni. "No se puede abarcar la totalidad de la última dictadura porque es algo muy complejo, pero sí se la puede abordar a partir de sus particularidades: la apropiación de menores, el tema de las madres o las desapariciones son ejemplos de los núcleos significativos".


 Dinámica. La memoria va y viene, del pasado al presente, capaz de proyectarse al futuro, incomprensiblemente selectiva, inesperada y —a veces— hasta inoportuna. Ventana y a la vez paisaje; frágil, indestructible, piadosa, implacable, colectiva y egoísta, la memoria es tan dinámica como las relaciones que, por acción u omisión, giran en torno a ella.


Así se entiende que un museo de la memoria no responda al    carácter decimonónico que aún impera en la acepción mayoritaria de la palabra. "La historia dinámica no es precisamente algo cerrado y este es un museo histórico desde esa perspectiva, con interrogantes al pasado pero también sobre el presente. Además, los museos actuales son distintos a los del siglo XIX, cuando la historia era la historia de la política; hoy también se atiende la vida cotidiana", resumió Nardoni, al explicar por qué este museo trasciende lo exhibitorio.

Es donde aparece la doble función del Museo de la Memoria,    según Chababo: "Se trabaja para dar testimonio de lo que ocurrió y al mismo tiempo consolidar la democracia. La última dictadura militar es un territorio de aprendizaje, no algo que se deba clausurar. El museo tiene que ampliar las interrogaciones, trabajar sobre las preguntas que no fueron respondidas y las que ni siquiera fueron formuladas, pero que harán las próximas generaciones".

Disponible en:

www.lacapital.com.ar/contenidos/2008/03/24/noticia_1052.html 

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